Estamos hipnotizados. ¿En qué momento perdimos el control de nuestros cuerpos? Caminamos con los oídos tapados gracias a esos artefactos auditivos diseñados para silenciar el exterior que nos rodea. Nuestros ojos permanecen vendados; nos encanta sumergirnos en aquella “realidad deseada”, ese mundo creado a beneficio de nuestro narcisismo por medio de un teléfono inteligente. El filósofo surcoreano Byung-Chul Han menciona en su libro No cosas: “Con el smartphone nos retiramos a una burbuja que nos blinda frente a otros. La comunicación a través del smartphone es una comunicación descorporeizada y sin visión del otro” (p. 35). Nos hemos adentrado sin darnos cuenta en ese organismo fascista que busca homogenizar nuestros cuerpos. Sin duda alguna, nos hemos vuelto esclavos de “La Matrix”, obedeciendo las órdenes invisibles que esta nos dicta, impulsando y moviendo nuestra vida en pro del “dinero imaginario”, siendo feligreses devotos del consumismo. Y así, seguimos olvidando nuestros cuerpos y nuestra propia vida, convirtiéndonos en esa masa homogénea llamada capitalismo.
Si sentimos dolor o incomodidad, nos anestesiamos con analgésicos. El sistema mercantil ofrece todo tipo de soluciones para mantenernos cómodos, inmóviles y estáticos. Permanecemos en constante negación de movernos, sentir o experimentar algo que nos saque de nuestra somnolencia. Nos lamentamos de la desdicha, de esa desconexión con la vida que nos hace vulnerables, pasando nuestros días agonizando lentamente. Nos victimizamos y terminamos siendo maestros de la justificación. ¿Cómo salir de esta desdicha? ¿Cómo salir de ese limbo asfixiante en el que nos hemos sumergido “voluntariamente”?
El texto ¿Cómo hacerse un cuerpo sin órganos? de Gilles Deleuze y Félix Guattari nos invita a emplear “inyecciones de prudencia”, a hacer el ejercicio consciente de refrescar nuestra realidad y no dejarnos vencer en la batalla de hacernos a un cuerpo sin órganos. “¿Tan triste y peligroso es no soportar los ojos para ver, los pulmones para respirar, la boca para tragar, la lengua para hablar, el cerebro para pensar, el ano y la laringe, la cabeza y las piernas? ¿Por qué no caminar con la cabeza, cantar con los senos nasales, ver con la piel, respirar con el vientre?” En otras palabras, se trata de ser capaces de experimentar, sentir, ir más allá, y conectar nuestra propia vida creando líneas de fuga que nos permitan escapar del “organismo dominante”. Debemos producir constantemente un devenir en nuestra existencia, sin permitir que existan “estancamientos de los modos de experimentar”, es decir, no quedarnos en una sola actividad, llámese droga, masoquismo o sexo, que termine por vaciar nuestro cuerpo sin órganos. No podemos prescindir de las subidas y bajadas que le dan sazón a la vida. ¿Por qué desear un paraíso donde no exista la dificultad, tal y como cuestionó el filósofo Estanislao Zuleta?
El sistema quiere cuerpos inertes y maleables que respondan con eficacia al “target de mercado” del que hablan los expertos en marketing. Individuos que no se atrevan a traspasar sus fronteras y sean obedientes a los policías internos de los que tanto nos habló la profesora Ángela en clase. Lo más provechoso para “el orden de las cosas actuales” es tener sujetos incapaces de tomar decisiones propias, que se adapten con facilidad a las dinámicas del mercado. ¿Qué mercado? Aquel que necesita clientes enfermos que compren sus medicamentos y visiten sus hospitales; ese que tiene experticia en crear necesidades imaginarias en los cuerpos humanos.
¿A qué necesidades imaginarias nos referimos? Un medio de noticias expuso recientemente los riesgos de los filtros fotográficos en la sociedad, demostrando con cifras escandalosas cómo las personas acuden a centros estéticos para que un cirujano “haga magia con el bisturí” y les copie la apariencia física que les regala su celular mediante filtros engañosos, parámetros de belleza impuestos por la inteligencia artificial. Esos filtros actúan como el espejito de la bruja malvada del cuento de los Hermanos Grimm, Blancanieves y los siete enanitos.
Por otro lado, se nos amenaza con despojar aún más nuestro pensamiento. Sobre esta situación, la escritora y columnista colombiana Carolina Sanín escribió en un tweet: “Ya casi, ya, ya casi se cumple el sueño del capitalismo: que la única actividad humana -y la que defina al ser humano- sea el consumo.” Es evidente que la modernidad actual busca anestesiar nuestros cuerpos, bombardeándonos con necesidades inexistentes y soluciones mágicas, cristalizándolos y sometiéndolos a las necesidades de la oferta y la demanda. Si un objeto está viejo, no sirve, se desecha y se cambia por uno nuevo. ¿Permitiremos que nuestros cuerpos se vuelvan objetos de desperdicio desechable? ¿Cómo escapar de la Matrix? ¿Cómo fabricarse un CsO que no sea el CsO canceroso de un fascista en nosotros, o el CsO vacío de un drogadicto, de un paranoico o de un hipocondriaco?
La respuesta la encontramos en lo que menciona la conclusión del texto: “El conjunto de todos los CsO solo puede ser obtenido en el plan de consistencia por una máquina abstracta capaz de englobarlo e incluso trazarlo, por agenciamientos capaces de conectarse con el deseo, de cargar efectivamente con los deseos, de asegurar en ellos las conexiones continuas, las uniones transversales.” Leer esta conclusión me hace reflexionar en la conversación grupal que tuvimos en el curso, donde resaltábamos la importancia de bailar sin tener que escuchar música, de disfrutar la vida sin que nadie lo ordene, de continuar haciendo de nuestra vida una obra de arte, de liberarnos del policía interior y actuar con conciencia propia. También, medito en nuestra última acción como colectivo, en ese espacio mágico que creamos al interior de la tela, donde devenimos tela y nuestros cuerpos intentaron actuar con libertad. Fue difícil, desde mi punto de vista personal, liberarme del policía interior. Sin embargo, en mi mente comencé a escuchar una melodía musical que me permitió sumergirme por un instante en la acción.
En conclusión, este curso ha sido un encuentro conmigo mismo, el inicio de un camino para escapar de la Matrix y comenzar a crear líneas de fuga como artista y futura docente. ¿Cómo ser ese retumbar que las personas necesitan a través del arte? ¿Cómo conectar con nuestra energía libre y creadora para crear un organismo vivo de cuerpos sin órganos?
